La economía del bien común, el desafío de lo simple

 In Mária Telkes

Christian Felber es profesor de economía en la Universidad de Viena. Es un visionario y en su libro “La economía del bien común” cuestiona muchos de los valores del mercado capitalista que nos ha llevado al punto en el que nos encontramos en la actualidad, a la declaración de la emergencia climática como consecuencia del cambio climático del planeta.

 

Para Christian, según explica en su conferencia en TEDxMurcia, la economía del bien común permite resolver tres contradicciones profundas que estamos soportando.

La primera contradicción es la falta de relación en el espíritu y los valores de las Constituciones de países democráticas, que no observamos en la economía real. La causa es que el orden económico actual promueve unos comportamientos, unos valores y objetivos que con frecuencia nos separa del interés general.

En la raíz del orden económico actual observamos dos leyes principales; afán de lucro y competencia. Estas dos reglas del juego principales son las responsables de que en la economía real se vivan unos valores muy alejados del bien común.

En una sociedad democrática moderna, se deben fomentar las políticas económicas en las que prevalezcan valores que fomenten las relaciones humanas y la comunidad. Si preguntas en todo el mundo que valores son estos, independientemente de su cultura se responde que son valores como honestidad, confianza, empatía, respeto, cooperación, solidaridad, ayuda mutua e incluso compartir.

Pero si preguntas si son el afán de lucro y la competencia las reglas del juego apropiadas para alcanzar estos valores, la respuesta unánime es que no. Estas reglas del juego conducen a otro conjunto de valores que nada tiene que ver con lo que se persigue.

La segunda contradicción se puede resumir como un error de programación de los mercados. Es decir, los valores como el egoísmo, la irresponsabilidad, la desconsideración, la avaricia con frecuencia conducen al éxito económico. Por tanto se plantea un cambio de las dos leyes principales de los mercados actuales; “afán de lucro y competencia”, por otras más acordes a los valores humanos que queremos lograr como son la “contribución al bien común y la cooperación”.

Si hacemos posible que las empresas que se comporten y organicen de manera más solidaria, más ecológica, más cooperativa, más democrática y que en mayor medida respeten la dignidad humana más probabilidades de éxito tengan, se lograría un gran avance en la consecución de estos objetivos.

La tercera contradicción es cómo medimos el éxito económico. La unidad de medición de la economía tanto a nivel macroeconómico como microeconómico en la actualidad es el dinero. Pero según afirma Christian Felber, en todos los libros de economía el dinero se considera el medio de la actividad económica, no el fín. El objetivo de la actividad económica no es el dinero, sino es la satisfacción de las necesidades humanas. El único proyecto en el que el dinero es el objetivo es la economía, esto es una contradicción.

Por este motivo si el objetivo de la economía es la creación del bien común, midamos el éxito de la economía nacional con el Producto del Bien Común y no con el PIB. Así como también habría que medir la contribución de cada empresa a ese objetivo general con el Balance del Bien Común y no con el beneficio financiero.

Según este nuevo modelo económico que ha desarrollado Christian Felber y que prácticamente acaba de nacer, deberíamos medir en qué grado las empresas viven acorde a los valores democráticos de la sociedad a través de ciertos parámetros sobre su comportamiento, en cuanto a condiciones laborales, huella ecológica, brecha salarial, y otros parámetros; premiando a las empresas que se comporten de forma ética con beneficios como reducción del IVA, supresión de aranceles, créditos a un interés cero, prioridad en la compra pública, y otros. Y a medida que se deterioran estos parámetros éticos que aumente su IVA, los intereses, etc. De esta forma, aquellos productos más respetuosos con los valores de la sociedad democrática serán más accesibles en el mercado.

El objetivo para hacerlo sencillo es que cada empresa tendría un sello con una valoración entre cero y mil puntos y una etiqueta cromática que la haga fácilmente visible a los consumidores como lo son en la actualidad las etiquetas energéticas de los electrodomésticos.

Con esta información, tendríamos una economía de mercado transparente, con lo que los consumidores podrían tomar decisiones racionales y por lo tanto será eficiente y eficaz. La eficacia según los objetivos y los valores, porque con frecuencia los productos éticos, responsables y ecológicos suelen ser más caros que los productos que no toman ninguna consideración, y esto es una perversión. Por eso Felber pretende que esta relación se invierta y que los productos renovables, sostenibles y éticos se equiparen a los que no lo son con la esperanza que terminen siendo expulsados del mercado.

Se trata de un movimiento totalmente participativo, en el que ya colaboran casi mil empresas y muchos municipios y universidades. El objetivo es claro: conseguir una economía del bien común, en la que el éxito empresarial vaya de la mano con un comportamiento respetuoso con la sociedad y el medio ambiente.

En la Fundación Mària Telkes trabajamos para conseguir una economía del bien común.

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